El Ébola II

El Ébola II

Nos preguntamos cuál fue el origen de la decisión política que supuso traer a España a dos abnegados misioneros contagiados por el ébola que no tenían cura y nos dirigimos al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para que de explicaciones. Quedamos sorprendidos por las respuestas. Asímismo, escuchamos con estupor las declaraciones de Javier Rodríguez, consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, que ha querido hacer recaer todas las sospechas de negligencia sobre Teresa Romero, la enfermera infectada por el virus. Terminando este bloque, reproducimos la breve entrevista a la propia Teresa Romero, esta auxiliar de enfermería víctima de este lamentable caso de contagio, que nos cuenta su estado.

Profile photo of Espía en el Congreso
Soy corresponsal parlamentario y trabajo en el Parlamento de uno de los países más corruptos de Europa. Es mi propósito contarles simplemente lo que veo y oigo aquí, pues a menudo no lo encuentro reflejado en los medios de comunicación. ¿Por qué? Probablemente porque junto a la “clase” política anida también esta otra “clase” dependiente de ella que debe agradecer con silencios y loas las migajas que se desprenden del mantel para no caer en la indigencia económica. Ya lo dijo Larra y poco ha cambiado: en España una cosa es lo que se dice, otra lo que se escribe y otra lo que sale publicado. Lo llaman partitocracia y a sus integrantes los denominan “la casta”. Sin mi anonimato como “espía en el Congreso” no podría mirar a través del ojo de la cerradura y aún así cada mañana, cuando acudo a las Cortes, me dan arcadas y debo aguantar el tipo para no vomitar: España está en llamas con seis millones de parados, suicidios ocultados, protestas generalizadas, expropiaciones hipotecarias, estafas bancarias a ancianos, corrupción dominando el poder… Y toda la clase dirigente sin excepción, junto a sus familiares y amigos más allegados, retribuida y subvencionada íntegramente por el pueblo, se sonríe y se saluda educadamente, cumple con pulcritud su ritual mediático y se limita a tocar la lira, como en los mejores tiempos de Nerón. Nuestros mayordomos, a quienes pagamos generosamente, se nos han rebelado, se han hecho con la caja y con las llaves de la casa y tras sisarnos o robarnos descaradamente, ahora pretenden quedarse hasta con la vivienda. Pasen y vean…

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